Gonzalo Arechederra Zabala




Letras


La experiencia de lo más íntimo desparramándose por el entorno, es el tema central de esta exposición de Gonzalo Arechederra.

Todo camino que avanza hacia el "afuera",  intentando apropiarse de las grietas más amplias del mismo, termina
en los contornos más precisos de la interioridad, donde los elementos más simples se unen para fundir al yo con su exterioridad.

El camino inverso, el del lado de acá, termina encontrándose en su ruta hacia dentro en la más absoluta libertad exterior.

Estos pensamientos, se han convertido para Gonzalo Arechederra en una obsesión transformada en color azul. Azul profundo
en el profundo vacio de una piscina con vapores de disolvente y gorras militares; pero esto no es más que una simple coordenada 
espacio-temporal aún no interpretada.

La realidad comienza su rutilante marcha hacia el yo, mientras éste se va fundiendo con la realidad exterior. El único sobresalto reside
en el volumen externo de una figura como elemento distorsionante. La visión del mundo se difumina hasta encontrarse en un sitio alternativo 
distinto. Una metarealidad, donde los problemas que nos mantienen unidos a la vida, se ven desde un plano diferente. Las preguntas 
que se nos plantean aquí, no son las de allá (el mundo sensible), sino otras que presuponen las respuestas exactas a la vida real.

Aparecen las manos y una concha. La herramienta de transformación se ha puesto en marcha.

La verdad se abre con todo su esplendor sin decir nada y expresándolo todo. Es azul, azul, azul...

El camino de vuelta nos deja ver los primeros elementos del otro lado del espejo reinterpretados desde la nebulosa azul...luminosa.
El yo y su soledad frente al grupo y sus jefes, mitos, escudos y tabúes. Empieza la decadencia del espíritu. Las formas se van convirtiendo 
ya cada vez más en objetos. La realidad se acerca y comienza a sentir sus rasgos de incertidumbre y limitación.

El yo postrado como final de una historia sin moraleja. Sin principio, sin final. Simplemente transcurriendo, siguiendo su ritmo atemporal 
entre las paredes de una galería aquí, en El Escorial.

                                                                                                                          
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